El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes y La Galería de Isabel la Católica, le invitan a la clausura de la exposición Cíclopes, del escultor mexicano Álvaro Zardoni, inaugurada el pasado 19 de julio en las instalaciones de El Salón de la Plástica Mexicana. En Cíclopes, su más reciente serie, Zardoni nos remite, con refinada ironía, a esos gigantes de la mitología. Analiza a profundidad el rostro humano y nos presenta un juego filosófico entre el espíritu y la materia. Juega con las expresiones inherentes al ser humano: la envidia, la angustia, la alegría… y las corona con una moneda que nos habla de la pérdida del espíritu. Sugiere también la lucha para obtener el equilibrio entre el espíritu y el mundo material contemporáneo que nos ahoga. Los Cíclopes somos nosotros mismos, quizás empequeñecidos en nuestra cotidianeidad por nuestras mezquindades, por nuestras incontroladas emociones. Y nuestro tercer ojo, por el cual podíamos intuir lo intangible y conectarnos de un modo más profundo a nuestro lado espiritual, lo hemos empañado con lo inmediato, con lo material. Y en el proceso, sin importar etnia o cultura a la que pertenecemos, hemos olvidado nuestros propios orígenes: la tierra y el cielo. La curaduría de la exposición parte del azul y el naranja de la pátina que tienen las 60 piezas que componen la serie y que representan el cielo y la tierra respectivamente; hacia el cielo, en donde todos somos iguales, los vemos a todos juntos, en la tierra, donde no todos somos iguales, los vemos clasificados, agrupados, separados… Álvaro Zardoni, en toda su obra, ha llegado al uso casi exclusivo del bronce. Su temática se centra primordialmente en la figura humana, con un énfasis en el rostro, donde busca plasmar emociones, el alma y la psicología de personajes diversos, siempre con humor y cierta ironía. Sus bronces, de mediano formato, se distinguen por una impecable factura y pátinas coloridas poco usuales en la escultura. Retomando un lenguaje académico y clásico, Zardoni logra crear piezas que son indudablemente contemporáneas por su tratamiento y la manera en que incorpora en ellas elementos cotidianos externos. Lo lúdico y lo onírico -a través de referencias históricas, literarias y mitológicas- se nos revela en todo momento al encuentro con su obra, de un sello muy personal. |