Con más de una década de trayectoria artística en el ámbito nacional e internacional, Marianela de la Hoz (México, D. F., 1956) se ha distinguido por ofrecernos una obra que se experimenta al primer contacto: cargada de profundas reflexiones manuscritas que complementan sus variadas composiciones resueltas al temple de huevo sobre tabla -técnica que requiere pericia y harta formación-, las piezas logran captar la atención del ser reflexivo, aunque huidizo, que todos llevamos dentro. Nos invita a pensar en lo contundente que puede ser una imagen en un mundo sobresaturado de creaciones plásticas. Su trabajo le ha abierto múltiples puertas aquí y fuera de nuestras fronteras. Marianela de la Hoz se ha distinguido desde sus inicios por atreverse a crear una obra que no busca complacer fácilmente, sino que se propone la reflexión profunda a través de la metáfora visual y la crítica más despiadada. Pero ojo: no hay que confundir uno de los recursos más trillados del siglo XX, es decir el afán de llamar la atención por medio de la originalidad en materia de formalismos, despliegues técnicos o escándalos con estos trabajos. Se trata aquí de la invitación al análisis de la conducta humana y de la esencia del ser por medio de originalísimas y pequeñas composiciones. Los pequeños formatos de las piezas -no son miniaturas- han sido ideados por la pintora a manera de estuches de joyería para invitarnos al interior de su trabajo, ya que está conciente de que el objeto museable hoy en día no retiene fácilmente la mirada del espectador común. Así nos obliga a detenernos y a viajar no sólo al interior de las tablillas, sino a penetrar dentro de nosotros mismos... |