Conscientes de la profusión de interpretaciones que existen sobre el significado mítico, histórico y rural del maíz, las artistas de Fi Diversidad Artística se dieron a la tarea de comprender el significado que realmente tiene la blanca semilla para todas ellas, mujeres urbanas que compran sus alimentos en los supermercados y quienes, por su físico y origen familiar, se encuentran al margen de los estereotipos de lo mexicano. Mexicanas como tantas otras que existen en nuestro territorio quienes, al margen de su formación educativa y clase social, consumen cotidianamente y de diversas formas el maíz. Esta diversidad es la fuerza de la exposición que bajo el título Mi Maíz presenta Fi Diversidad Artística en La Curtiduría de Oaxaca. Invitadas por la curadora Marietta Bernstoff, las artistas de Fi Diversidad Artística abordan lo que realmente significa el maíz en su vida diaria. La ambivalencia consumista de los mexicanos, en la que sin cuestionamientos ni distinción, igual se disfruta de un cereal procesado proveniente de una empresa norteamericana que de unas ricas tortillas, es presentada por Margarita Chacón en Mí maíz de cada día. Con una instalación realizada a partir de empaques que ya se han convertido en íconos domésticos -como el de cereales y las palomitas de microondas-, la artista llama la atención sobre la ambivalencia de la información que contienen: ¿artificialmente nutritivos, orgánicos o transgénicos? Interesada en la transmutación de la pintura comercial-decorativa en una expresión artística basada en el color, Rocío Klapés aborda el gran valor que tiene el elote para los mexicanos a partir de una poética sutilmente irreverente, que se basa en la apropiación y descontextualización. Influenciada por los recursos hiper del arte pop, El sentir de mi frescura es una gran tela pintada en acrílicos en la que el elote y el color son los grandes protagonistas: el blanco de la frescura, el verde de lo natural y el dorado de lo sagrado. Una metáfora de la fecundidad que produce la interacción entre lo masculino y lo femenino, es presentada por Christa Klinckwort en la instalación interactiva El Péndulo del Maíz. La tierra como el elemento femenino y un péndulo en cerámica con forma de maíz y sutiles referencias fálicas, son el inicio de una fecundidad que sólo puede presentarse si alguien activa un movimiento pendular que origine la penetración de los granos del maíz en la tierra. El gozo por comer y disfrutar el maíz a pesar de las perpetuas dietas que actualmente viven las mujeres, se manifiesta en Vitamina T de Miriam Libhaber. Un rollo de grandes dimensiones, colgado, extendido y pintado en tonos dorados, en donde los lugares emblemáticos de la Ciudad de México como Chapultepec y Xochimilco se fusionan con territorios de diferente sacralidad: el color dorado como símbolo de lo sagrado, la ritualidad cotidiana y la tradición de la cultura judía del rollo como objeto de comunicación de lo trascendente. El color de los sabores del elote hervido es el tema del video Sinestesia de Claudia Lugo. Interesada tanto en la fuerza expresiva de la pintura como en las dimensiones sólo perceptibles -no visibles- de la realidad humana, la artista explora lo que los sinestetras interpretan: el color del sabor. El color del sabor que se percibe cuando se degusta un elote hervido al natural, con limón, mayonesa o chile, es la esencia de las capas cromáticas que se interponen en la obra con el propósito de generar una reflexión distinta sobre nuestra relación con el maíz y el alimento. Las diferencias clasistas que existen en el consumo del maíz y la inestabilidad de sus precios, son el tema de la instalación Mi docena vale diez de Gabriela Sánchez Apodaca. Realizada a partir de una poética simbólica en la que cada elemento hace referencia a un valor específico, la artista convierte a la tortilla en una presencia ausente que detona diferentes aspectos de su consumo durante un año: 52 cajas -las semanas del año-, con 100 monedas de 10 centavos -el costo de una docena de tortillas de lujo-, sobre una superficie imantada que mantiene el precio en una estabilidad inestable. La integración es el tema central de la instalación pictórica y gráfica que bajo el título de Pueblo de Maíz presenta Sara Waisburd. Integración del trabajo artístico y artesanal, de la pintura y la estampa, del maíz y el arte, de lo creativo y lo sagrado. Compuesta por 24 piezas que son al mismo tiempo prensas artesanales para hacer tortillas y soporte para estampados serigráficos, la obra se sustenta en una simbología cromática que vincula a las naturalezas cósmica, divina, orgánica y humana. |