Cuando Susana Sierra penetra en ciertos espacios de su mente percibe, de modo muy sutil, un campo energético conformado por una red de hilos, como si fueran una suerte de lluvia, de hebras muy finas. Estas sensaciones son el origen de las obras reunidas en la muestra FILAMENTOS, que se exhibe actualmente en el Centro Cultural Indianilla.
Y las pinturas, que atraen como un imán, un suave imán al observador, provocan una impresión similar. Es así como se instaura un puente, una suerte de relación secreta entre quien mira esas obras y aquello que fue la experiencia, el estado íntimo, alejado y en contacto con el universo de Susana en el momento de forjar, desde lo más hondo de su pensamiento, los signos que habitan en el interior de sus pinturas.
¿Qué son esos signos? Una escritura automática que posee rasgos de la escritura oriental, el resultado de visualizaciones que nunca llegaremos a conocer aunque sí sospechar, y sentir. Un atisbo de trazos, laberintos remotos brotados del cosmos, la incandescencia y la levedad que Susana fragua en sus telas.
Y hay cuadros blancos, verde agua, senderos hechos con líneas paralelas y ondulantes, garabatos que recuerdan una sintaxis enigmática, aflorando y sumergiéndose simultáneamente en el interior de la artista, configuraciones que llegan a la visión del espectador como si el cuadro fuera algo que une al observador y al autor. Como si fuera no, el cuadro actúa en ese sentido y desde una intensa visibilidad de la imagen, desde el cúmulo de imágenes sobre la planitud de la tela pintada con toda la riqueza del espacio habitado por esencias, por algo que cala más hondo en la consistencia etérea y deleble de la esencia. El cuadro es eso, la realización, la puesta en acto de lo sustancial, lo inmanente, lo constitutivo del ser.
Hay un cuadro rojo en el que reaparece el fragmento escritural que consuma la condición arreferencial y misteriosa de la traza, de la señal o el conjunto de señales ignotas. Y hay círculos y semicírculos en ese cuadro rojo, rojo imantado, formas que se combinan para descubrirnos, apenas esbozada e inventada, la cifra del universo.
Y hay un cuadro amarillo que recuerda a un desierto inundado de sol, de un sol tibio con ideogramas chinos y los círculos como el punto mínimo y la suma total del cosmos. Y por detrás de esos círculos una red vertical de líneas pobladas de arabescos. Y un cuadro blanco con una zona más oscura que recuerda a una catedral. Todo eso y mucho más es posible encontrar en los últimos cuadros pintados por Susana Sierra.